se-vendeSobremesa de comida familiar. Cada uno cuenta aquello que le atañe. Alguien anuncia un cambio de casa. Bravos y felicitaciones se suceden. El del anuncio lo acompaña con un “esta será mi última morada”, y recibe contestaciones de cariñosas reprobaciones, como esas que recibe la abuelita centenaria en cada cumpleaños: “¡ande qué cosas tiene, cómo va a ser su última celebración, si al final nos va a enterrar a todos!”.

Una vez pasada la algarabía, y explicado lo que no hacía falta explicar (esto es, que lo que había querido significar es las ganas de que esa casa sea muuuuuchos muchos años su morada), me sumo a ese anhelo expresado. Sí, porque contiene la lírica necesaria para que recuerda la raíz etimológica que nos lleva al modo de ser, a la costumbre. También porque es el padre de familia que ya ha cumplido uno de sus deberes (proporcionar un buen techo).

Dos razones íntimamente unidas en una vida cumplida: tiempo y libertad para poder responder a una vocación.

 

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